El amor no envejece


La abuela le encantaba ver la mesa llena de comida. Dijo que la comida es amor. Diariamente, después de cada comida, había “dulce para endulzar la vida”.
Pero, si hubo un período en el que ella se empeñaba en arreglar la mesa con comidas deliciosas, ese tiempo era el final del año. El abuelo siempre estaba muy entusiasmado con las fiestas. En Navidad, la cena tenía incluso la presencia de Papá Noel.
En Carnaval, al igual que la Semana Santa, la abuela y el abuelo también arreglaron la casa y prepararon muchos pasteles para recibir a los visitantes.
Pasaron los años y un día el abuelo ya no estaba allá. La abuela lo amaba tanto que todos los días por la noche rezaba para morir. Ella empezó a perder la memoria reciente y ya no recordaba que tenía nietos y hasta bisnietos.
Un día, su nieta fue a visitarla para pasar el Carnaval en Recife. Ella la trató como a su hija, y le preguntó: "- ¿Dónde estabas?". La nieta respondió: “- ¡Estuve en Olinda!”. Y la abuela dijo: “- Ah, ayer estuve ahí saltando con Vicente”. En ese momento nos dimos cuenta de que quedarse olvidando cosas fue un santo remedio para que ella siguiera viviendo el amor.


Lara Tapety


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